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Los cuenta-cuentos

Para la mayor parte de la gente, la “economía” es una materia solo para expertos. Generalmente, se evita informarse a este respecto. Es como lo que sucede con las “matemáticas” en el colegio. De tanto repetirnos que son muy difíciles, terminan asustándonos hasta tal extremo que los problemas que nos presenta la realidad  y que resolvemos cada día en nuestra vida real  aplicando un mínimo de lógica, se transforman en un intríngulis terrible cuando los hechos se plantean como algo abstracto. La gruesa línea de “la economía” es más simple de lo que parece y, lo más importante, tiene repercusiones prácticas en la existencia de las personas.

El ex Ministro de Hacienda Andrés Velasco, reaparecido luego de su poco exitosa aventura político-electoral, publicó el sábado 28 de abril una interesante columna en “El Mercurio”: “Economía vudú”. Es decir, pretende hablar de una política económica medio supersticiosa o milagrosa por parte del actual Gobierno.

Sus afirmaciones son bien concretas:

1.- El Presidente Piñera comprometió un programa que implicaba un mayor gasto público del orden de los 14.000 millones de dólares para el cuadrienio, es decir 1.750 millones por año, cantidades a las que habría que agregar el sorpresivo compromiso de gratuidad para la enseñanza técnico-profesional.

2.- La mitad del mayor gasto se financiaría  con austeridad fiscal y reasignaciones presupuestarias no especificadas. Como hasta ahora ha identificado 125 millones anuales  en ahorros, le estarían faltando nada menos que 1.625 millones por año.

3.- La otra mitad del mayor gasto provendría del “crecimiento económico”. Acota Velasco: “Esto es equivalente a la jefa de hogar que decide hoy gastar más a la espera de que el próximo año le suban el sueldo”.

Pero, resulta que el nuevo Gobierno ha prometido bajar los impuestos a las empresas, lo que implica que, o incumple su promesa o sube otros impuestos, todo ello sin que se altere en nada la falta de recursos señalada en el número 2. Las alternativas de nuevos tributos, son pocas. Una,  subir el IVA, lo que sería políticamente inmanejable. (rebaja de  impuestos a los ricos y alza para todos  los demás). Otra, subir el impuesto al diésel nivelándolo con la tasa que afecta a las gasolinas, lo que sería bueno para el medio ambiente pero, sin duda, derivaría en un conflicto con los gremios del transporte. La tercera, elevar los tributos al alcohol y tabaco, sectores que ya fueron afectados por la reforme tributaria de 2015.

Conclusión: el Gobierno se encuentra en un zapato chino: Olvida su promesa de rebajar impuestos a las empresas, u olvida su compromiso de reducir el déficit fiscal o reza para que el crecimiento económico supere todas las proyecciones hechas por su Ministro de Hacienda.

El análisis básico de Velasco suscitó la respuesta inmediata del Coordinador del Ministerio de Hacienda Hermann González, quien, como siempre sucede en el debate político o económico, se fue por las ramas criticando la gestión financiera del anterior Gobierno, acusando que habría nada menos que 5.500 millones de dólares en gastos comprometidos por ley  y no financiados,  para el cuatrienio 2018-2021, afirmación  que resulta absolutamente cuestionable a la luz del artículo 67 de la Constitución Política que obliga a que todo gasto que se establezca por ley debe considerar la correspondiente fuente de financiamiento.

Es evidente, más allá de toda consideración, que Sebastián Piñera ha recibido una situación fiscal muy estrecha. Bajo el mandato Bachelet hubo, sin duda, una fuerte expansión del gasto público, hecho que generó un aumento del déficit fiscal. Ello fue sobradamente conocido por el  candidato de Chile Vamos ya que su actual  Ministro de Hacienda estableció en la propia Universidad Católica su base de operaciones (CLAPES-UC),  desde la cual dedicó cuatro años a denunciar críticamente la gestión anterior.

En consecuencia, la realidad fiscal constituía un hecho de la causa.

El problema se suscita cuando se constata que, teniendo presente hechos conocidos, se ofrece al electorado una plataforma electoral milagrosa que encierra contradicciones engañosas. Si a ello se agrega el hecho de que se pretende implementar medidas que durante la campaña  se rechazaron (expansión de la gratuidad en la educación superior) con el consiguiente incremento del gasto público, se devela una contradicción insostenible, la que, por lo demás, está siempre presente entre la demagogia electoral y la gestión fiscal responsable.

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1 Comentario en Los cuenta-cuentos

  1. Como ya estamos acostumbrados, semana a semana, leemos en esta edición un certero análisis de la actualidad político-económica por parte de Esteban Lobos. Esta vez destaca la peligrosa estrategia política de intentar destruir un gobierno antecesor, con declaraciones de alto contenido demagógico y promesas llenas de soberbia como la que plantea que “vendrán tiempos mejores”. Se está cumpliendo el adagio: “Por la boca muere el pez”.

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