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Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas

Splash! Boom! Crack! Swoosh!

Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas (2017), la nueva película del francés Luc Besson, es una ópera espacial, tan épica como es psicodélica, que se describe mejor con onomatopeyas. El cineasta más prolífico y popular del cinéma du look regresa con su filme más exuberante en efectos especiales, colores chillones, criaturas fantásticas, humor absurdo, romance, y un optimismo que lo separa del resto de realizadores que trabajan la ciencia ficción en estos días.

La historia concierne a dos agentes intergalácticos, Valerian (Dane DeHaan) y Laureline (Cara Delevingne), mientras se ven envueltos en una trama política que involucra la desaparición de un planeta completo y la civilización que lo poblaba, pero cuyos remanentes son útiles para los siniestros planes de algunas autoridades de Alpha, la Ciudad de los Mil Planetas: una ingente estructura urbana y cosmopolita en medio del espacio, donde millones de especies galácticas, incluyendo los humanos, viven en paz y armonía desde hace siglos.

Basada en el clásico cómic francés Valèrian et Laureline, escrito por Pierre Christin e ilustrado por Jean-Claude Mézières, la película se siente como la mezcla perfecta entre La guerra de las galaxias (1977) de George Lucas, Blade Runner (1982) de Ridley Scott, y El quinto elemento (1997) del propio Besson, en su sentido del espectáculo, en sus temas policiales y urbanos, y su visualidad futurista.

Ésta es una película feliz, enamorada de las grandes aventuras, de lo inocente que la entretención a gran escala puede ser, y sin miedo a ir donde la imaginación sea capaz de llevarla. La variedad de mundos exóticos que Valerian nos ofrece es abrumadora en su complejidad y originalidad. Los efectos especiales son asombrosos, y uno no puede más que conmoverse con la inspiración detrás de tal creatividad desatada. Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas es un triunfo de la tecnología al servicio de la visión de un director.

Entre tanta fórmula narrativa y una solemnidad imposible en los blockbusters hollywoodenses, Valerian es, en su lugar, cine de autor. Es tan refrescante como pasar una exquisita tarde en la playa, lugar donde vemos por primera vez a nuestros protagonistas. Valerian es un mujeriego que afirma una y otra vez estar enamorado de Laureline, quien ignora su coquetería, pues le cuesta creerle, incluso cuando él le propone matrimonio, también una y otra vez. Los conceptos de romance que el filme maneja son inocentes y nostálgicos, pero ése es el punto: Besson quiere que nos sumerjamos en la cultura y sensibilidad que originó al cómic. El filme tiene suaves pinceladas de una comedia picaresca, y, al final, sus códigos narrativos son códigos literarios, románticos.

El Valerian de DeHaan es un héroe desenfadado y torpe, mas siempre toma la iniciativa y está dispuesto a hacer sacrificios por un bien mayor. Es un héroe bastante idealizado. DeHaan dota de un registro notoriamente bajo a la voz de su personaje, dando la impresión de que su inteligencia no está a la altura de las circunstancias; pero cuyo efecto es revelador de su ingenuidad emocional y su personalidad lúdica, de la que se empapa todo el filme.

En cambio, Laureline es la parte cerebral del dúo: lo cuestiona todo a su alrededor, no acepta las tonterías de nadie, y su heroísmo, agudeza y fuerza física, son equivalentes a los de Valerian. Delevingne entrega la mejor actuación de su carrera hasta ahora como la sensata Laureline. Si Valerian tiene buenas ideas para sus misiones, Laureline es quien lo prepara todo para que éstas resulten exitosas.

Es por esta inusual complementariedad que trabajan tan bien juntos, que se extrañan cuando están lejos, y su apoyo mutuo es incondicional. Creemos en este amor en negación, pues cada cuadro rebosa romance y camaradería. Es el amor lo que está al centro de la película, y la tensión sexual entre los personajes mueve toda la diversión.

Valerian está dedicado al padre de Luc Besson. ¿Habrá sido su padre quien le presentó los cómics? ¿Tal fue el impacto de las historietas en Besson, que su vida no volvió a ser la misma e hizo esta película? En cierto sentido, éste es un filme familiar. Aquí Besson trabaja con Thierry Arbogast, su director de fotografía desde Nikita (1990); de ahí la sensacion de comodidad. Arbogast encuadra a los personajes de la forma excéntrica y cómica que caracteriza el estilo visual de Besson: consigue la atmósfera correcta con composiciones caleidoscópicas en su uso del color, inesperadamente bellas, de movimientos de cámara enérgicos, y con una angulosidad que suele desconcertar la vista.

Extrañé, sin embargo, la música compuesta por Éric Serra, el compositor de la mayoría de los filmes del director francés. Recuerdo la banda sonora que Serra creó para Nikita, quizá el filme más emblemático de Luc Besson y mi colaboración favorita entre ambos. Serra sabe interpretar con exactitud las emociones que evocan las historias del cineasta; es como el John Williams de Steven Spielberg o el Danny Elfman de Tim Burton. En su lugar, la música en Valerian está a cargo de Alexandre Desplat. Su partitura, aunque no es sobresaliente, funciona y logra acarrear las escenas; pero es evidente que no es el estilo de Serra. Tal vez Valerian no habría sido diferente con el compositor histórico de Besson, mas quería escucharlo a él, de caprichoso, y porque en mi mente ambos son inseparables.

Esta película me hizo soñar, me hizo sonreír con fuerza. Es una celebración del cine, fruto de una poderosa imaginación que nos arroba con la belleza de cada fotograma. El arrojo del director al material es admirable, pues no cuestionamos el uso de, por ejemplo, canciones de David Bowie, ni sutiles motivos ecológicos a lo largo del relato, sino que participamos entusiastas de la fiesta. Crecí viendo y siendo inspirado por El perfecto asesino (1994) y El quinto elemento. Pero nunca he escuchado la voz de Besson tan verdadera, apasionada, como en Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas.

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